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11 octubre, 2017

Un sueño hecho realidad. La boda de Edgar y Laia

La historia de Laia y Edgar se remonta al 5 de octubre de 2006 cuando unos amigos en común les presentaron en un conocida discoteca de Barcelona, Up & Down. Ella tenía 19 años y él 20 cuando decidieron empezar su viaje y su nueva aventura. Pasaron 7 años hasta que él decidió arrodillarse ante ella para pedirle matrimonio, el 6 de Septiembre,  en un emblemático hotel de Oriente Medio situado en una isla privada con reserva natural del Sheikh de Emiratos Árabes, Anantara Sir Bani Yas Island Al Yamm Villa Resort. Después de una romántica cena bajo las estrellas y frente al mar se iluminó con una llama de fuego en el suelo la famosa pregunta ‘¿quieres casarte conmigo?’ Ella sin dudarlo asentó llorando con la cabeza, ‘me sentí como una princesa de la forma como me pidió matrimonio por eso quise reflejarlo en nuestra boda, quería que fuera de cuento de princesas, romántica y clásica’.

 

 

Él es directivo de la cadena hotelera Hilton Worldwide, ha trabajado en otros países como Holanda y Emiratos Árabes Unidos como responsable de expansión. Actualmente se encuentra afincado en Barcelona. Ella dentista de profesión (cirujana e implantologa) aunque se declara fan de la moda.

La pedida de mano familiar tuvo lugar en el la Finca Prats, Lleida, donde también celebraron el banquete, allí la familia de él le entregó un solitario de la Joyería Unión Suiza, diamante de 1k y la familia de ella le regaló el reloj que él vistió durante el enlace el modelo: IWC Portofino. Edgar se decidió por una alianza de compromiso de diamantes para pedirle la mano a Laia de la Joyería J.Roca.

 

Los testigos de la boda recibieron una caja en su casa en la que contenía el mensaje ‘¿quieres ser testigo de nuestra boda?’, en la de ellos había una mini-chistera, ya que en la boda tuvieron que vestirla, y en la de ellas un mini-ramo, porque durante la boda tuvieron que vestir una pulsera de flores secas diseñada por Moncollier Barcelona.
Contaban con un total de 12 testigos, ellos iban todos en chaqué y con la misma corbata de topos blancos y rojos y el mismo chaleco en un tono azul celesta, ellas optaron por vestidos diferentes, cada una en un color diferente ‘me hacía ilusión que ellas fueran de colores vivos y así fue’.

Ella llevaba un vestido muy clásico de Tot-hom, ‘tenía muy claro que quería ser una novia Tot-hom’ en seda salvaje, con bordados en la parte superior y con una cola de 3 metros y velo por delante que en todo momento las primas de Laia se encargaron de arreglar durante toda la ceremonia. Los zapatos que Laia escogió eran unas sandalias de 14.5cm en tono rosa pastel de ante y piel de cocodrilo con sus iniciales personalizadas de Serena Whitehaven. Antes de entrar a la cena, Laia se quitó la sobre cola para ir más cómoda y finalmente para el vals se quedó con el vestido de fiesta en crepe de seda, se pintó los labios rojo color 99 de Chanel y una corona de flores de Moncollier Barcelona en tonos beige, rosa y granate para así darle un toque más atrevido. El ramo, un bouquet de tonos rosa pastel y verde, de peonias y rosas austín de la floristería Orteu de Lleida. Su peinado fue original, una trenza con tocado en tonos blancos y dorados en la parte posterior de Riu de Forns Barcelona.

Fue maquillada por la famosa Sara Buira, que la dejó con un aspecto muy simple ya que la novia quería parecer muy natural ‘tal y como soy yo’.

Él iba con un chaqué gris marengo y un chaleco color crema de Scalpers, unos zapatos personalizados con su nombre de Crockett & Jones, una corbata de Mirto y una chistera de Fernández y Roche de Sevilla.

Los recién casados decidieron salir de la ceremonia con todos los invitados dentro de la Catedral, ya que les parecía algo bonito y diferente a todas las bodas a las que habían asistido, lo hicieron con el Canticorum Jubilo de G. F. Händel y quedó precioso. Los dos salieron de la mano con sus alianzas de la prestigiosa Joyería Balsells & Ruíz de Lleida, quienes también diseñaron los pendientes de la novia, de rubís y diamantes que fueron reformados ya que pertenecían a la abuela materna de la novia.

De la Catedral de la Seu Vella a la Finca Prats, los novios se desplazaron con un clásico Rolls Royce Silver Cloud de los años 60.

El aperitivo se sirvió en un precioso ambiente al que denominamos ‘el Jardín de Laia’, también organizado por Jaiak – diseño de tendencias, estaba dividido en diferentes ambientes y markets, con diversas zonas para el arroz, el marisco, lo asiático, las cervezas, las bebidas, show cooking, etc. Además se colocaron bancos y sillas de estilo francés para que los invitados pudieran descansar. Y como no podía faltar detalle habían sombreros una vez más personalizados con las iniciales para que los invitados no perdieran ocasión de tomarse fotos. Desde que los invitados llegaron a la Finca Prats estaban siendo grabados por un dron a cargo de Slow Studio, que se dedicó a tomar imágenes de todo lo que sucedía durante la boda. Todo este tiempo estuvo amenizado por Moby Dixie, un grupo de música jazz del estilo de Nueva Orleans y Chicago de inicios del siglo XX, que animó mucho el ambiente. Los novios decidieron dedicar un espacio para aquellos invitados que durante los próximos meses celebraran algo: estaban prometidos, embarazados u otras ocasiones importantes, ¡esta pareja no se olvidó de nadie!. Asimismo, los novios fueron sorprendidos con un álbum que se llenó de fotografías hechas con cámaras polaroid durante toda boda, ¡un recuerdo que tendrán toda su vida!.

 

El siting fue algo muy original y comentado por todos los invitados, en honor a Edgar, se diseñó una recepción de hotel con 3 azafatas en la que todos los invitados tenían que acceder al entrar al aperitivo y pedir su llave de acceso, en ella estaba inscrita el nombre de la mesa, que esta vez los novios escogieron nombres de hoteles en los que ellos se han alojado o los propios de la luna de miel, y un mapa con la ubicación de ésta en el banquete.

La entrada de los invitados a la cena fue a través de la Finca y acompañados de un pianista mientras que los novios entraron al banquete una vez todos los asistentes estaban sentados con la canción The Nights de Avici, eligieron esta canción tan animada porque transmite el mensaje que ellos querían reflejar en su día, tales como ‘live a life you will always remember’ que significa ‘vive la vida de forma que siempre la recuerdes’ o ‘these are the night that never die’, que vendría a decir ‘estas noches son las que nunca mueren’.

El salón, tenía un ambiente clásico, romántico y de cuento, tal y como querían los novios, todos lo describieron como ‘una cajita de música’. Lámparas de araña, candelabros, flores de colores suaves, manteles afrancesados, luces en los árboles, velas, pérgolas de vegetación natural ubicadas en diferentes zonas del banquetas y sillas francesas crearon un ambiente único y espectacular que trasladaba a los invitados a otra época, ‘cuando entré al banquete y vi nuestro cuento hecho realidad lloré de la emoción‘ dijo ella. Había mesas imperiales que dominaban el comedor, unas iniciales flotantes en la piscina y una cascada de luces en la entrada que asombraron a los invitados. Se usaron dos estilos de manteles de estilo muy clásico, copas de cristal en tono azul y cuando ellas se sentaron en su sitio se sorprendieron de nuevo al ver en la tarjeta donde ponía su nombre unas pulseritas en tonos azul y rosa, personalizada con su inicial, hechas por Cotzy Barcelona que juntamente con Laia se encargaron de diseñarlas en exclusiva para la ocasión.


Durante toda la cena hubo discursos por parte de los familiares y mejores amigos y también del novio, que conmocionó a todos los invitados, sin duda fue una celebración repleta de emociones. Laia y Edgar regalaron las iniciales a cuatro parejas con muchas posibilidades de casarse próximamente y, además, una chistera y una réplica del ramo de ella a los ‘solteros de oro’. Para acabar la cena, sacaron la tarta nupcial con una bicicleta llevada por el hermano de la novia junto con fuegos artificiales, una idea muy original que sorprendió a todo el mundo. Finalmente, la novia bailó su último vals con su padre, el Cascanueces de Tchikovsky, quién después se la entregó a su actual esposo.

Empezó la fiesta alrededor de la 1 de la madrugada, a cargo de DJ Tilt de Soundworks. Los invitados describieron esa noche como ‘mágica, única y un no parar de bailar’ – ¡hasta las 6 de la mañana la pista de baile estuvo a tope! Con música de todo tipo para que todos los asistentes pudieran disfrutarlo. Y además, ¡los novios sorprendieron regalando cuatro novios más durante el baile, algo que encantó a los invitados! Por otro lado, al finalizar la cena se abrió una zona de chill-out denominada el rincón de Edgar con chésteres, pasteles, carrito de palomitas, mini helados, caramelos, puros, cigarros y mojitos que los invitados pudieron disfrutar durante toda la noche, además a avanzadas horas se abrió una zona de churros con chocolate, una barbacoa con mini-butifarras a la plancha (plato típico catalán), melindros, entre otros. Y por supuesto, no faltó detalle, y se pensó en las mujeres regalándoles unas manoletinas para que pudieran descansar sus pies después de tanto bailar junto con unas pashminas ¡ya que la temperatura descendió unos grados! Y no nos olvidaremos de un photocall muy divertido, con muchos disfraces y detalles para que todos se hicieran fotos, ubicado en un rincón de la Finca.

 

Al acabar, a todos los invitados se les entregó una botella de vino añejo con los detalles de los novios y la fecha de la boda. Este vino era cosecha de 1984 de la familia de él, conocida por sus extensos viñedos en la zona del Penedés.

La madre de la novia llevaba un vestido diseño de Tot-hom con una exquisita pedrería en tonos azules y verde esmeralda y la madre del novio una vez más volvió a confiar en la diseñadora Sabina Casajuana para lucir un vestido azul noche con pedrería en la parte superior.

Este gran día va a quedar inmortalizado gracias a la fotógrafa Monica Carrera y a Slow Studio (Jordi Hernández) como productor y creador del video.

Los novios van a disfrutar de su honeymoon a Japón, Polinesia Francesa y Dubái, un total de 20 días